inicio 1922-2000
     
 

NOTAS LARGAS PARA
NOVELAS CORTAS*

 

Luis Arturo Ramos

 

Marco más necesario que teórico


Los géneros, de suyo tan vapuleados por la crítica contemporánea, cumplen una función referencial para quienes, como yo, escriben dentro de una tradición. Y entiendo esta tradición como la de contar historias verosímiles e interesantes a un público lector consciente de esta premisa.
MMDe lo anterior, destaco dos palabras: intención y convención. Dicho de otra manera, lo que el escritor pretende hacer, inmerso como está en un contexto de lectores experimentados y con referentes literarios.
MMA partir de este planteamiento, asumo los géneros literarios que practico como una propuesta de lectura que tiene que ver con la extensión, el argumento, los recursos de construcción, los ritmos de lectura y otros etcéteras por el estilo. Escribo cuento, relato, crónica, novela y libros para niños, y para hacerlo, respeto convenciones más o menos generalizadas (no serían convenciones si no fueran generalizadas), sin que por ello me amilanen al extremo de obligarme a su cumplimiento exhaustivo o al servilismo total.
MMPretendo que mi futuro lector sepa desde el primer contacto con el texto que eso que tiene ante los ojos, es un cuento o una crónica y no una novela o un cuento infantil. También mis editores lo saben y promocionan desde la contraportada su oferta genérica. “Esto que ves aquí y espero que compres, querido lector, es un libro de cuentos.” Y el futuro lector acepta la oferta y compra el libro y se apoltrona para leerlo consciente de los códigos inherentes al género.
MMEl lector sabe por experiencia que sus presunciones acerca del género podrían resultar sacudidas por el particular estilo del autor y sus manifiestas o veladas intenciones. Las premisas de género, asume, pueden ser demolidas, respetadas o enriquecidas y, tal vez, ya sea por sus atrevimientos o por su incondicional respeto a la tradición, opta por comprar el libro de un autor y no de otro.

Primeros coqueteos


Aunque empecé escribiendo cuentos cortos (de tres a cinco cuartillas) aderezados con el implacable final sorpresa al que los autores bisoños apelan para impresionar al lector y, de paso, ocultar sus carencias literarias, mi afecto por textos cuyo número de páginas desaconsejaba considerar novelas o cuentos, se remonta al principio. Primero fue la curiosidad por entender la razón por la cual un autor lograba sostener mi atención a lo largo de cuarenta o cincuenta páginas. La causa resultaba evidente. Además del argumento, había una clara intención por diseñar personajes y construir ambientes y paisajes adecuados al devenir de la historia. Sin embargo mi descubrimiento menguaba ante la comparación obligada: ¿no acaso todo eso caracteriza también a las buenas novelas? Sí, en efecto, pero no en tan escaso número de páginas.
MMAunque temblorosa, mi ingenua síntesis: “densidad y profundidad novelística en el marco de un comparativamente escaso número de páginas”, sostuvo durante algún tiempo mis conclusiones al respecto. En ellas basé mi decisión de optar en 1972 a la beca del Centro Mexicano de Escritores con el proyecto de escribir tres novelas de tal cuño. Por fortuna, nadie me pidió que analizara el fenómeno como resulta ahora el caso, porque lo que funcionaba para mí, seguramente no lo haría para terceras personas, y mucho menos si éstas son expertas en el tema. Valga decir en favor de mi vanidad que el proyecto fue aceptado y escribí tres noveletas de las que sólo subsiste una: “Junto al paisaje”.

No obstante "El tamaño sí importa"


Considero que la NC no es ni una “novela chiquita” ni un “cuento largote”. Su categorización no puede caer bajo el rigor de una simple suma de palabras o de una arbitraria cuantificación de páginas. Mismas que, por si fuera poco, corren a cargo de la decisión del editor. Muchas veces leemos un texto al que la caja, el puntaje y el interlineado, vuelven más extenso de lo que en realidad es y, por lo tanto, defraudan al lector con el gato de un cuento largote, por la liebre de una novela chiquita.
MMApoyo mi afirmación con las mismas razones por las cuales tampoco creo en el “cuento breve”, y mucho menos en el “brevísimo”. Al menos, me opongo a la noción que llama “cuento” a una simple viñeta, epigrama o textito con pretensiones. Un cuento resulta tal, por razones también ajenas al número de páginas.
MMNo veo a la novela corta como un simple intermedio entre la novela y el cuento; sino como una propuesta autónoma con respecto a las que la constriñen. Una entidad escritural consciente de sí misma y por lo tanto disciplinada, pero jamás sumisa a sus propias convenciones y que ya alcanza, si no el estatus, al menos la noción de género independiente.
MMEn la actualidad, y este Congreso lo demuestra, su prolongada presencia en la historia literaria, le otorga merecimientos suficientes como para ser bautizado con un nombre que lo identifique, sin apellido que lo des-califique: “nouvelle”, “noveleta” o, con humor unamunesco, “nivola”.

Credo


Se sostiene en dos principios. El primero: Creo que hay ideas para cuentos y para novelas, y aunque ambas se construyen y sostienen mediante recursos y técnicas similares, su uso y aplicación resulta diferente en cada género. El segundo: Creo en el dictum biológico que afirma que la función determina la forma. Y no sólo lo veo vigente en literatura, sino que lo suscribo y aplico: la función, o sea, mi intención, determina la forma o el género. En el caso que nos ocupa, lo que yo entiendo por novela corta.
MMEjemplifico con mi caso personal. (Y me atrevo a hacerlo porque tal fue la condición de mi presencia en este Congreso.) Desde hace cerca de veinte años tenía en la cabeza una idea, que no un argumento, que sintetizaba todos sus alcances en un rotundo final. La protagonista, una negra de 1.30 m de estatura, moría en brazos del narrador de la historia: un fotógrafo de un centro de atracciones. Intenté varias veces comenzar mi cuento sin resultados apetecidos. La historia no caminaba, las palabras no aparecían, el tono de la voz narrativa quedaba desleído, des-intencionado. De pronto, una madrugada, como sucede en las películas o en algunas novelas, ocurrió la revelación. “Imbécil”, me califiqué (confieso que utilicé otra palabra más mexicana que no me atrevo a pronunciar aquí), esta historia no cabe en un cuento. Para llegar a ese final que anda revoloteando en tu cerebro, tienes que construir a la protagonista y a los personajes que la significan, el espacio donde se desenvuelven y los eslabones que constituyen la cadena de acontecimientos significativos que la conducen a ese final (el cual, aunque lo parezca, no es nada cursi. Lo prometo). Y para ello, necesitas varias, tal vez muchas páginas, no sé cuántas; pero cuando menos, las suficientes para dar forma y volumen a las tres instancias de contenido (anécdota, personaje y ambiente), sin provocar con ello que el exceso te expulse del género con el que te comprometes. A partir de tal epifanía, la historia (ahora terminada y con 98 cuartillas de longitud), marchó sobre las ruedas del género al que pertenecía.

Tensión VS. Volumen


El cuento debe terminar en un punto preciso; esto es, en el obligado punto al que lo conducen los acontecimientos precedentes. En términos de estricta extensión, el cuento concluye porque la trama no da para más, y no puede prolongarse sin que sufra la totalidad del texto.
MMLa novela larga puede continuar debido a que, por lo general, es un relato y en los relatos la distancia que media entre el principio y el fin, está determinada por el interés, la razón y significación de los acontecimientos intermedios.
MMEstos acontecimientos intermedios pueden ser tan numerosos o escasos como el talento y la imaginación del escritor los vuelva, a la vez, necesarios e interesantes. Inclusive, pueden alterar su orden sin que esto atente contra la totalidad. Y esto ocurre porque la organización novelística, a diferencia de la del cuento, no depende necesariamente, aunque pueda hacerlo, de una estructura basada en la causalidad.
MMA este respecto, la NC puede organizarse de ambas maneras. Causalmente, como lo hace el cuento; o al margen de la secuencia causa-efecto, como generalmente lo hacen la novela y el relato. No obstante, el número de acontecimientos involucrados, sean estos organizados causalmente o alterado su orden temporal, deben ser los estrictamente necesarios para sostener y desarrollar las principales instancias de contenido mencionadas con anterioridad.
MMEs en este punto donde la NC se separa del cuento y se acerca a la novela porque sacrifica en tensión, lo que gana en volumen y densidad. El cuento se caracteriza por un prefijado número de acontecimientos organizado de manera causal que determina, a la vez, un previsto tiempo de lectura. Imposible desacatar ambas condiciones sin sacrificar la unidad del texto, o interrumpir la lectura sin atentar contra la tensión.
MMEsto lo supieron desde siempre los maestros del género y lo han planteado con distintas palabras; pero me acojo a la conocida frase de Cortázar: “El cuento debe leerse (y poder leerse, agrego yo) de un tirón”. Y esto sería imposible sin el conveniente y necesario número de páginas.

Velocidad VS. Cadencia


Si cuento es tensión, novela es volumen. Y las NC, aunque algunas o muchas puedan leerse “de un tirón”, sin prisas ni problemas, no esperan ni mucho menos exigen, que deban ser leídas de tal manera. Por el contrario, creo que una de las características de la NC estriba precisamente en la cadencia de lectura que el género propone.
MMLa NC es una propuesta que invita al lector, desde los primeros párrafos o mediante capítulos numerados o fragmentos divididos por blancos tipográficos, a ponderar el texto a profundidad y no sólo horizontalmente. El rompimiento premeditado del orden causal desde el cual se organiza el cuento (pero no necesariamente el relato ni la novela), posibilita y hasta sugiere la lectura reposada orientándola hacia detalles o aspectos que no aparecen o suelen pasar inadvertidos en el cuento.
MMLa NC no privilegia, con el énfasis con que lo hacen la mayoría de los cuentos, ninguna de las tres instancias de contenido que subsisten en todo relato (trama, personaje, ambiente); sino que las entrelaza en una apretada simbiosis. Esto es, personajes y ambiente potenciados por un argumento que permite trascender su mera presencia funcional. Cada una de estas instancias nutre a las otras y es sobre este andamiaje tripartito, donde queda sostenido el texto. Las tres se ganan su lugar en las páginas de la NC y sugieren, invitan o exigen del lector, la meditada vigilancia de los personajes y detenerse a ponderar la significatividad del espacio que transitan.
MMEl viejo y el mar, por título y diseño, es un buen ejemplo del género. Hemingway se detiene en la construcción de un personaje: el viejo, y de un espacio: el mar Caribe. La anécdota, que podría resumirse en la salida al mar, el encuentro, la captura y el traslado de un pez hasta la costa, resulta sumamente sencilla vista en su ordenada concatenación de acontecimientos. Mas a pesar de su aparente simpleza, la anécdota potencia al máximo los componentes de la novela, de ahí que sea imposible, sin menoscabo del texto, ponderar por separado o priorizar alguna de las tres instancias comprometidas. Resulta evidente el interés del autor por profundizar en el mar (caribeño, insisto) y volverlo metáfora en la cual se monta el Hombre como eterno protagonista del drama universal.
MMLa construcción mística y mítica del entorno marino, las reflexiones acerca del ser y los elementos naturales, no serían posibles sometidos a la velocidad del cuento. Más todavía, resultarían chocantes, impertinentes en un género que aprecia hasta la usura la economía de recursos y valora cuantiosamente la estamina y tensión de la velocidad. En novelas como la aludida, la tensión aparece creada por la profundidad; esto es, verticalmente, y no por el ritmo horizontal, sucesivo, de los acontecimientos.
MM¿Por qué, me pregunto, Hemingway manda a su pescador al mar Caribe y no al río o al arroyo a pesar de conocerlos todos? Obviamente porque para alcanzar sus intereses literarios el espacio es tan importante como el personaje y la historia misma. Y éste, el espacio, hay que construirlo en su apariencia externa y en su significatividad metafórica.
MMPor lo que a mí respecta, la NC transparenta las sinuosidades de una vereda premeditadamente colmada de detenciones, desvíos y aparentes digresiones. En este sentido, su intención no es alcanzar la meta con rapidez y economía de recursos; sino de marcar un ritmo, una cadencia que utilice y hasta propicie las detenciones en la lectura, para luego volver a ella tal vez con otro ánimo, como sucede regularmente en la novela.

Mis novelas cortas


Aunque acepto que el número de páginas condiciona la denominación del género y hasta cierto punto adelanta la duración de su lectura, no pretendo que sea la extensión, sino el desarrollo de los tres elementos de contenido (anécdota, personaje, espacio) lo que determine las mías.
MMMis textos narran lo que le sucede a un personaje, a veces a dos, como por lo general ocurre en el cuento; pero siempre, como sucede en el cuento, montados en una misma línea argumental que los significa y potencia. No obstante, para construir aquélla y perfilar a éste, construyo personajes coestelares y alimento la trama con hilos narrativos llevados a evitar que el protagonista quede diluido en el soliloquio del discurso propio y de las acciones aisladas.
MMEsta estrategia no sólo tiene el objetivo de fortalecer al personaje central, sino de enriquecer su historia con afluentes que pretendo válidos e interesantes en sí mismos; pero cuya función primordial es nutrir con asomos de realidad y verosimilitud el argumento central que vertebra al texto de principio a fin.
MMLo anterior, a semejanza de lo que ocurre en las novelas (en las buenas novelas al menos), donde una historia nunca discurre solitaria y en despoblado. Por las mismas razones, incluyo la descripción más o menos minuciosa del ambiente exterior a fin de que el protagonista se desenvuelva y signifique. La creación de atmósfera resulta importante porque al formar una unidad indisoluble con el argumento (en el sentido de que la historia no podría ocurrir tal cual es, en otro sitio), propone o sugiere visos metafóricos y/o simbólicos semejantes al que traté de ejemplificar con las alusiones a El viejo y el mar.
MMTodo esto, bien lo sé, resulta una impertinencia en los territorios del cuento porque extravía el libre discurrir del argumento con los aparentes callejones sin salida de las digresiones o lo enreda en la madeja de las subtramas.
MMPretendo que los primeros párrafos propongan al lector no sólo una mesurada velocidad de lectura, sino que se conviertan en una invitación a ponderar, desde otra cadencia y perspectiva, la presencia y función de los elementos antes mencionados. Los párrafos iniciales, así como la extensión física de un texto, son un atisbo de las condiciones sugeridas por el autor para ejercer el acto de la lectura. No creo ser el único que mira el número de páginas antes de comenzar un cuento o una novela (no lo hice con Terra Nostra y aún no termino de lamentarlo), ni tampoco en preguntarse acerca de la manera en que su autor lo colmará de tapa a tapa a entera satisfacción del lector.
MMYo también intento, desde el principio, hacer tales sugerencias acerca de la velocidad y cadencia de la lectura de mis NC, hecho que pretendo ejemplificar con la lectura de los tres párrafos iniciales de mi primera novela corta: “Junto al paisaje”.
MMPero antes, una digresión seguramente impertinente.
MMAhora que lo veo, no sé si debo entrecomillar o subrayar el título de mi texto. La duda viene a cuento porque, a mi parecer, una novela corta es una oferta independiente que puede aparecer en solitario (esto es, como libro) o en una colección de novelas cortas, sin responder, en este segundo caso, a reclamos relacionados con la falta de unidad temática o estilística que muchos exigimos a los textos reunidos en un libro (que no colección) de cuentos.
MMSi estoy en lo cierto, la NC, a pesar de su extensión, es un texto que puede aparecer solo o acompañado, al margen de o sin responder a la exigencia de unidad, que le pedimos al cuento cuando aparece con otros entre las pastas de un libro y bajo el mismo título.
MMFin de la digresión y regreso a mi ejemplo.
MMJunto al paisaje apareció publicada por primera vez en 1973. Tiene una longitud física de veinticinco páginas impresas y está dividida en ocho capítulos numerados. Leeré el primero, compuesto apenas por tres párrafos. Escojo de propósito este texto no sólo para poner a prueba mi aserto ante un público de distinguidos expertos, sino también para demostrar que mi fidelidad al género parte desde el principio de mis intenciones literarias.

El tren corre junto a un paisaje que cambia constantemente de color, que varía en su forma, que se desplaza en secuencias rápidas y caprichosas, que se contrae y extiende como un abanico de mano. La acelerada marcha del tren impide apreciar un mismo objeto más allá de una milésima de segundo. Sin embargo, confundido tras una atmósfera vaporosa y un cielo raído, intuyo la presencia del mar más allá de las dunas, del brillo que la luz saca al resbalar por la cuesta de los médanos.
MMLos brillos chocan contra tu cara y afilan tu perfil con los tajos de una luz amarilla que te hace arder a fuego lento en el reflejo del vidrio de la ventana. Te miro absorta en un paisaje irreconocible por la rapidez con que discurre junto a ti. Sé que te encantaría poder mirarte así: suspendida en el aire por el halo de luz y color que te rodea. Siempre has tenido esa vocación arrevesada de santa o de reina que te permite ser, al menos en tu imaginación, distinta a los demás.
MMTu mano se apoya en el cristal de la ventana. Tus manos de dedos afilados que tanto cuidas y muestras a la menor provocación. “Es lo que más me adorna”, dices en ocasiones. Pero hasta tú reconoces que es mentira. Hay otras cosas que te vuelven bella: tu voz, el ademán con que retiras el mechón de pelo que te estorba. Tus ojos. Aquella vez que enumeré tus atributos sonreíste y me reprochaste el haber sido “tan espiritual”. Ahora el sol se concentra en tu sortija. Brilla y lanza destellos de oro. Los haces de luz proyectados por el anillo se extienden frente a ti hasta formar una reja lejana e inasible.


Espero que después de lo anterior, un lector más o menos experimentado alcanzará a musitar: “Esto va para largo” y lo sabe no sólo por el número de páginas, las cuales seguramente ya ha contabilizado, sino por el tono y cadencia de la voz narrativa en la presentación del inicio de la trama, personajes y lugar donde se ubican. Viene luego la decisión inmediata, suspender o continuar la propuesta de lectura. Si persiste en ella, tácitamente se habrá firmado un trato: el del género y, por lo tanto, las condiciones de su lectura. Vendrá después la valoración final: aburrido, mal escrito, cursi, inverosímil, previsible y otros etcéteras parecidos. O, por el contrario, los antónimos de todos o algunos de los adjetivos enumerados que por pudor no me atrevo a enlistar.
MMLo que sí quiero enlistar para poner punto final a estas Notas largas, son las que a mi juicio constituyen las características fundamentales de mis incursiones en el género. No las enlisto con la pretensión de establecer un decálogo (puesto que son once y no diez), ni siquiera con el ánimo de proponer una lista de condiciones afines a la NC, sino apurado por el ingrato y a la vez egoísta propósito de confrontar su validez contra mi propio trabajo escritural. Van entonces.
MM1. Un relato vertebrado sobre una sola línea argumental. Por lo tanto con un protagonista, aunque pueda haber más.
MM2. Su argumento, como en el caso del cuento, puede resumirse en breves líneas.
MM3. El argumento no está obligado a una continuidad de orden causal.
MM4. Se detiene en la construcción de atmósfera; aunque no lo hace de manera tan enfática comparado con la construcción del o de los protagonistas.
MM5. Enfatiza la construcción psicológica del protagonista.
MM6. Digresiones premeditadas y con función específica.
MM7. El argumento permite y hasta sugiere el formato por capítulos o trozos separados por blancos tipográficos.
MM8. No exige lectura ininterrumpida. El formato por capítulos invita a suspenderla a placer sin que la interrupción atente contra el interés del lector o contra la unidad de efecto.
MM9. No busca la tensión y velocidad del cuento, sino la densidad y volumen de la novela.
MM10. Tiene tantas páginas como sean necesarias y tan pocas como sean suficientes para construir e interrelacionar las tres imprescindibles instancias de contenido.
MM11. Es una oferta de lectura independiente ya sea como libro o como parte de una colección.

En síntesis, creo que la novela corta es la representación de un camino de veredas entrecruzadas por las que es posible transitar sin extraviar la ruta. La NC se desplaza horizontal y verticalmente. Tiene un discurrir que avanza con la gaseosa consistencia del vapor y no, como muchos exigen al cuento, con la velocidad y dirección de una rauda saeta dirigida al blanco. Y como sucede con otros géneros narrativos que echan mano de los mismos recursos, la NC se acomoda con toda flexibilidad al énfasis que la particular intención de su autor quiera imprimir a cualquiera de sus instancias de construcción.
MMTermino estas notas irresponsablemente largas y premeditadamente arbitrarias, con el recordatorio de que fueron pergeñadas tras el chaleco blindado de mi opinión personal. No obstante, me alivia la certidumbre de que fueron escritas sin el propósito de convencer a nadie, y sí de compartir una serie de reflexiones acerca de un tema que, supongo, nos interesa a todos los aquí presentes.
MMGracias.